Auditoría de la interfaz
Recorremos la aplicación entera y catalogamos lo que hay: cuántos botones distintos, cuántos tipos de tabla, cuántas formas de decir «guardar». La lista suele sorprender.
Cuando una aplicación crece, cada función nueva se añade donde cabe y no donde debería. Al año siguiente el equipo de soporte responde siempre las mismas cinco preguntas y nadie sabe cuál de las tres formas de hacer lo mismo es la buena. Ahí es donde entramos: ordenar lo que ya existe y dejar un sistema con el que lo siguiente se pueda diseñar sin volver a empezar.

Empezamos por los tres flujos que más soporte generan. Se rediseñan enteros, se prueban con usuarios reales y se implementan antes de tocar nada más. Un rediseño total de una aplicación en producción rara vez sale bien: se tarda demasiado en ver si funciona y, cuando falla, no hay forma de saber qué parte falló.
Recorremos la aplicación entera y catalogamos lo que hay: cuántos botones distintos, cuántos tipos de tabla, cuántas formas de decir «guardar». La lista suele sorprender.
Entre cinco y ocho entrevistas con clientes reales, más una lectura de los tickets de soporte de los últimos meses. Los tickets son investigación gratis y casi nadie los usa.
Alta, configuración inicial, la tarea que se repite cada día y la que se hace una vez al mes y siempre se olvida. Se rediseñan enteros, con sus estados y sus errores.
Una biblioteca en Figma alineada con lo que el equipo puede construir de verdad, no con lo que sería bonito si el equipo tuviera el triple de tiempo.
Cada pantalla se entrega con sus estados, sus mensajes y su comportamiento en móvil descritos, para que la implementación no tenga que improvisar.
Antes de tocar un flujo dejamos por escrito qué métrica debería moverse. Si no se mueve, lo revisamos en lugar de dar el rediseño por bueno.
Entregables
Todo se entrega en herramientas que ya usáis, con permisos vuestros y sin dependencias del estudio.
Con variantes, estados y tokens enlazados. Cambiar un token repinta toda la biblioteca.
Pantalla a pantalla, con los caminos alternativos y los errores dibujados.
Medidas, comportamientos, transiciones y textos de interfaz, listos para maquetar.
Cómo se nombran las acciones y cómo se escribe un error útil.
Para probar con usuarios y para enseñar en una demo sin tener que construir nada antes.
El estado de partida de cada flujo tocado, para saber después si el cambio funcionó.
Cómo entramos
Antes de la primera entrevista pedimos acceso a los tickets del último trimestre y los agrupamos por causa, no por fecha. Casi siempre aparece la misma imagen: un puñado de pantallas concentra la mayor parte de las preguntas, y suelen ser pantallas que nadie ha vuelto a mirar desde que se construyeron.
Eso da una lista de prioridades que no depende de la opinión de nadie. Y da algo aún más útil: una forma de comprobar si el rediseño ha servido, contando cuántos tickets de esa categoría llegan tres meses después.

Cómo salimos
Un sistema de diseño que solo entiende quien lo hizo no es un sistema, es una carpeta. Por eso la biblioteca se construye con las restricciones reales del equipo de desarrollo, se documenta con el criterio de uso —cuándo sí y cuándo no— y se traspasa en una sesión grabada con las personas que van a mantenerla.
A partir de ahí, cada pantalla nueva se compone. La responsabilidad del estudio no es dibujar todas las pantallas que existirán, es dejar el mecanismo con el que se dibujan.

Señales
Si cinco preguntas concentran la mitad de los tickets, no es un problema de documentación: es un problema de interfaz que se está pagando en horas de soporte todos los meses.
Señal clásica de crecimiento sin sistema. Cada función se añadió donde cabía y ahora el usuario tiene que elegir un camino sin saber que hay otros dos.
Cuando el equipo comercial evita ciertas pantallas en las demostraciones, ya sabe cuáles son las que hay que arreglar. Solo hace falta preguntarle.
Si entre el registro y el primer uso real se cae una parte significativa de los usuarios, el problema está en un flujo concreto y se puede aislar.
Casi siempre significa que falta un sistema compartido: no hay una fuente de verdad sobre qué componentes existen y qué se puede combinar con qué.
Cuando los estados de error no están diseñados, el usuario ve un mensaje del servidor. Es el momento en que más falta hace la interfaz y es el que casi nunca se dibuja.
Preguntas
Dentro. Nos incorporamos a vuestros canales y a vuestro ritmo de reuniones, con una demostración semanal de lo avanzado. Un estudio que desaparece un mes y vuelve con una presentación no funciona en producto.
La parte de web, sí. Dentro de una aplicación con sesión lo habitual es que implemente vuestro equipo, y nosotros entregamos la especificación y revisamos el resultado contra el diseño antes de que salga.
Una auditoría con rediseño de dos o tres flujos y una primera versión del sistema de componentes suele ocupar entre seis y diez semanas. A partir de ahí, muchos equipos siguen con un acompañamiento mensual de menor intensidad.
Ayuda mucho, pero no es imprescindible. Si el producto es nuevo, trabajamos con entrevistas a personas del perfil objetivo y con pruebas de usabilidad sobre el prototipo, que sirven para lo mismo aunque den señales más débiles.
Entonces la página que te interesa es la de diseño web. El trabajo de producto tiene sentido cuando hay una aplicación con usuarios recurrentes; para un sitio corporativo es maquinaria de más.
Con una captura y el contexto de qué intenta hacer ahí el usuario ya podemos decirte si el problema es de interfaz, de flujo o de expectativas.